Sobre el Sufrimiento

Existe una frase muy popular que resuena en muchas personas y dice así:

El dolor es inevitable el sufrimiento es opcional

¿Cuanto de cierto hay realmente en esto?

Antes de iniciar esta temática, creo que es muy importante sentar algunas unas bases para hablar en la misma sintonía sobre el concepto del sufrimiento. Porque la palabra sufrimiento puede dar lugar a demasiadas acepciones y es para la mayoría un concepto tan abstracto como subjetivo.

En primer lugar, ¿qué entendemos como sufrimiento?

Según la Real Academia Española dice así:

1. m. Padecimiento, dolor, pena.

2. m. Paciencia, conformidad, tolerancia con que se sufre algo.

Por un lado, habla de un sinónimo del dolor y del padecimiento, como algo muy físico. Por otro lado, nos habla de un dolor emocional, la pena. Según Séneca, en “De Clementia” (Sobre la Clemencia), la compasión es una mezcla entre la pena y la clemencia. Es un dato curioso esto, porque en cierto modo, nos viene a decir que la compasión, algo muy apreciado por la mayoría, es en el fondo, una forma de sufrimiento, si seguimos a rajatabla la propuesta que aquí nos hace la RAE.

Por otro lado, nos habla de paciencia y tolerancia. ¿Quién, en su sano juicio, podría haber dado esta definición en vez de la anterior? El sufrimiento, siempre se asocia al mayor mal. Y dudo que alguien pueda decir, que la paciencia es tal, como un mal. ¿De dónde sale esta acepción? Etimológicamente, se trata del acto de suffero, Es decir, viene de suf(sub)-“fero“. Si pensamos que “fero” es llevar o soportar, podría estar haciendo referencia al acto de “sub-soportar” algo, es decir, de llevar o hacer algo, pero sin ganas.

En cierto modo, podríamos considerar que en el fondo, el verdadero sinónimo etimológico de sufrimiento es de algún modo, aquello que engloba la desmotivación.

Por eso, en el fondo, asociamos sufrimiento y felicidad como totales contrapuestos. Si aquello que “nos hace felices” es aquello que nos motiva, aquello que nos hace “infelices”, es decir, aquello que nos hace “sufrir”, es por tanto, aquello que nos desmotiva. Creo que en este punto, ya tenemos una buena base sobre lo que realmente simboliza el sufrimiento.

¿Cómo es el ciclo del sufrimiento?

Todo aquello, que nos desmotiva, por su pura esencia nos genera algún tipo de rechazo. Entendemos en cierto grado, que de manera “pulsada” como nos sugieren los primeros “psicoanalistas” nos debemos mover en el mundo siguiendo un patrón bastante predecible: ir hacia lo que nos motiva, y huir de lo que nos desmotiva.

Pero hay una pregunta que debe transcender: ¿Por qué nos motiva lo que nos motiva, y nos desmotiva lo que nos desmotiva?

Esta pregunta es una de las cuestiones que viene generando filosofía y “ciencia psicológica” desde que prácticamente la erudición tomó lugar en las aulas del planeta.

Existen miles de teorías al respecto. Un psicoanalista Freudiano, a grandes rasgos, te dirá que existe mucha correlación con los sucesos acontecidos durante la infancia. De manera semejante, un conductista, te dirá que sin lugar a dudas, un condicionamiento, muy probablemente iniciado también en la infancia, ha venido retroalimentándose hasta los días presentes. Algunos psicobiólogos, dirían, que en gran medida, hay un gran componente genético que dar lugar a estas motivaciones y desmotivaciones. A fin de cuentas, ¿quién no cree que nacemos con un rol en la vida? A la mayoría nos viene a la mente, la imagen del popular “pintor vocacional”, que en cierto modo, parece que ha nacido para “crear arte”.

Por tanto, parece bastante evidente poder identificar para cada persona, cuáles son los focos de una felicidad y los focos de un sufrimiento: siempre que uno se encuentre en ese estado, donde lo “preferido” se da en abundancia, la felicidad estará asegurada. Por el contrario, si la mera existencia nos priva de ello y por el contrario, lo que más abunda es lo que consideramos “opuesto” a esto para lo que hemos nacido, o con lo que nos hemos desarrollado, entonces, tendremos una infelicidad o sufrimiento, garantizado.

¿Cuál es tu relación actual con el sufrimiento?

Esta pregunta es sencilla de responder: si la vida te va bien, conforme a lo anterior, el sufrimiento quizá sea leve. ¿Pero qué pasa si ocurre lo contrario? Seguramente, estarás nadando en olas de sufrimiento perpetuo.

Cualquier gurú de autoayuda con dos dedos de frente, te va a hacer esta pregunta altamente reveladora: ¿Qué te impide dirigirte a tus sueños? ¿Qué te impide hacer lo que te gusta?

Seguramente te venga una lista de cosas:

  • La situación familiar
  • La situación económica
  • Un problema de salud
  • Un dilema laboral
  • Cualquier otra cuestión personal que se interponga

Paradójicamente, lo que parece que acarrea el sufrimiento, parece ser al mismo tiempo, lo que inhibe la posibilidad de alcanzar, en cualquiera de sus formas, un atisbo de felicidad. Seguramente una persona realista o tú mismo, te diría o te podrías estar diciendo en este momento: “La felicidad no existe, solo son momentos puntuales de alegría”. Pero esto parece que contradice un poco lo que planteabamos anteriormente: la felicidad es aquello que nos motiva, por tanto, si nos encaminamos siempre hacia lo que nos motiva, la felicidad está asegurada.

Una buena respuesta a esto sería: “La vida no siempre nos da lo que queremos, a veces hay que vivir en una situación no deseada, ergo, no podemos ser perpetuamente felices, por tanto, la felicidad solo son atisbos puntuales de alegría, cuando si se dan esas circunstancias que nos motivan”.

Pero volvemos a lo mismo: el sufrimiento prevalece, y parece que no se extingue. Lo que nos desmotiva, siempre puede estar ahí, pero en cambio, la felicidad, solo son momentos fugaces. ¿Por qué ocurre esto? Los filósofos y estudiosos más nihilistas, dirían que en el fondo es una cuestión de lógica: el mundo es cruel, y hemos nacido única y exclusivamente para subsistir de la mejor forma posible. Es decir, una relación de perpetuidad con el sufrimiento.

¿Entonces hablamos de una relación perpetua de desmotivación? No tiene sentido. Si vivimos desmotivados, nos condenamos hacia la no-subsistencia. Para la subsistencia, es necesario un motor que nos empuje a avanzar y a ese motor, es a lo que los psicólogos le llaman “motivación”. Por tanto, si intrínsecamente, ya nacemos con una motivación, porque hablamos de una relación perpetua de desmotivación.

¿No parece que haya algo totalmente contradictorio en toda esta ecuación?

No hemos sufrido una gran guerra ni una depresión, nuestra gran guerra es nuestra guerra espiritual. Nuestra depresión es nuestra vida.

Motivación, desmotivación, sufrimiento, felicidad… ¿No son todos acaso, conceptos que se engloban dentro de un mismo constructo, que se retroalimenta a sí mismo?

En cierto modo, hemos entendido a día de hoy que todos estos conceptos, forman parte de nuestra naturaleza humana y son las palancas que mueven al mundo. Y es cierto. El mundo en el presente, y durante los últimos dos mil milenios (o más) ha sido movido por estas erudiciones del lenguaje.

A fin de cuentas, “motivación” deriva de “mōtus ” e “ivus“, o lo que es lo mismo: “la causa del movimiento“. Y por tanto, desmotivación es la “causa de la ausencia de movimiento” o como hemos dicho antes, “lo que no se hace, o se hace, pero sin ganas“. Nuestros ojos es en cierto grado, lo que nos permite examinar nuestro entorno.

Ya en la famosa metáfora mitológica de Sísifo, los antiguos se preguntaban ¿qué es lo que hace que esa persona, se pase toda una eternidad subiendo una piedra a una montaña? ¿Qué es lo que nos hace ir a trabajar o estudiar todas las mañanas? O mejor aún, ¿qué nos impide que lo hagamos, cuando para muchos, sería lo ideal, o lo correcto?

Quizá la clave está en ese “¿qué?”, como si es que hubiera realmente un qué por mera necesidad. Causa y efecto, aquello que rige, mecanicísticamente nuestra existencia. Pasa algo, por ende, algo ha debido causarlo, y a eso que lo ha causado, tenemos que ponerle un nombre: motivación. ¿Y qué ocurre cuando no pasa algo, pero debería estar pasando? Entonces hay desmotivación o sufrimiento.

¿Lógico y para toda la familia? Quizá no tanto.

¿Qué pasaría si destruyéramos ese concepto mecanicista de motivación?

Entonces, ¿qué sentido tendría la vida? ¿Dónde estaría nuestra guía para hacer tal o tal cosa? ¿Acaso se puede transcender a la motivación? ¿Se puede transcender a la felicidad y al sufrimiento? Quizá esta sea una de las propuestas más reveladoras que la Escuela Cínica nos trataba de transmitir.

La idea de la motivación, de lo preferido y lo rechazado, surge como una evidencia mecanicismo que filósofos como Platón y Aristóteles engrandecieron hasta nuestros días. Como hemos planteado en el apartado anterior, era pura lógica que además de alguna forma, es observable, lo que nos lleva a una paradoja en nuestra existencia muy voraz.

Toda una generación entera trabajando en gasolineras, sirviendo mesas, o siendo esclavos oficinistas

El Club de la Lucha

¿No recuerda esto a la leyenda de Sísifo que comentaba antes? Nos recuerda Homero, que “Sísifo tuvo fama de ser el más astuto y sabio de los hombres“. ¿No es este, acaso, el sino de nuestra existencia? La sabiduría y la astucia: dos de las mayores virtudes del mundo moderno.

Los Platónicos, los Aristotélicos y los Estoicos, ya nos recordaban, constantemente, que una de las cuatro grandes Virtudes era, la sabiduría, la famosa phronēsis, de la que Atenea, hacía gala como su máximo representante. ¿No encaja todo en un círculo perfectamente conformado, que hemos aceptado y consumado durante toda nuestra existencia?

Pero si algo fue creado, algo puede ser destruido. Basta con tomar una nueva perspectiva del concepto.

Tomando una nueva perspectiva de la motivación

Vamos a retroceder un poco: volvamos a ese nivel biológico, molecular o genético. A fin de cuentas, a todos parece que se nos da mejor hacer algunas cosas que a otros. Puede que no se te de muy bien jugar a algún deporte, o a ninguno en general. En cambio, desde niños, claramente había algunos que con dos patadas al balón ya salían metiendo goles. ¿Puede tener algo que ver esto con nuestra “mascara”? Con ese prosopon (o rol) del que nos hablaba Epicteto. Esto es una evidencia, que no podemos negar. Se nos dan cosas mejores que otras, pero esto no tiene que ser necesariamente requisito de motivación. Puede ser solamente una casualidad de la mera existencia. Un perro puede tener un olfato divino, pero no se pasa el día oliendo y rebuscando. Para el perro su olfato es una herramienta, no un sentido de su existencia.

Vamos más adelante: hacia los conductistas. Todo nuestro estado presente deriva de un condicionamiento. No podemos olvidar que somos animales. Tenemos partes en el cerebro que compartimos con otros animales, y por ende tiene lógica que actuemos, en parte, como actuaría cualquier otro animal. Pero nuestro cerebro parece que se ha desarrollado un poco más que la simple acción-reacción de la que los conductistas nos hablan. A fin de cuenta, es una evidencia que estamos constantemente trasncediendo un montón de condicionamientos. Todo buen conductista, diría que esto es simplemente causal. Un condicionamiento que condiciona, otro condicionamiento y así sucesivamente. Meras ratas, palomas o perros en un gran laboratorio, como es este mundo. Determinismo en su esencia.

Pero si vamos aún más adelante, nos damos con los físicos y su física cuántica. La cual parece implorar el hecho, de que en ciertas partículas, no parece existir ese determinismo como ocurre, con el famoso experimento del Entrelazamiento Cúantico. Todo buen Determinista podría decir, que el hecho de que algo no sea predecible en la actualidad, no significa que no sea predecible en el futuro con las herramientas adecuadas. A fin de cuentas, el Universo, es mecánico, todo tiene una causa, y una consecuencia, nada surge espontáneamente.

Y justo en este punto, donde casi todas las filosofías (la Escuela Cínica, no), entran en discordia en un eterno argumento, en el que las evidencias a favor y en contra, se apilan a ambos lados de la ecuación, como si de dos Torres de Babel se tratara. Pero en el fondo, todos queremos creer que nuestra vida goza de un libre albedrío que nos proporcionará experiencia totalmente “innovadoras”, pero al mismo tiempo pensamos que todo se debe a algo. Una especie de conciliación Deterministica/Libre Albedríica que es totalmente paradójica, pero nos permite desconectar en gran medida de este dilema de una manera convicente neutral.

Algunos encuentran en el libre albedrío, la oportunidad de ejercitar moralmente las acciones que convienen para transcender (i.e. el Cristianismo en general). Otros han descubierto, que en la obra Divina de Zeus se en encuentra el sentido de la Divina Providencia y que es necesario entender y aceptar al Logos por su magnificiencia. Otros simplemente lo obvian y viven mal sin más.

¿Se puede ser feliz sin motivación?

Como hechos dicho antes, la palabra feliz, es un sinónimo de motivación. Por tanto ¿qué sentido tiene esta pregunta? Se retroalimenta en su propio constructo.

¿Se puede ser feliz al margen de la motivación?

La pregunta es: ¿para qué se necesita ser feliz? ¿Como ausencia de sufrimiento, de desmotivación? ¿Como con la necesidad de hacer algo por el simple hecho transcendental, de hacerlo?

El sufrimiento causa malestar, angustia, pánico, incremento en la presión sanguínea, palpitaciones, dolor, etc… Esas señales vitales que alguien nos dijo que nos indicaban, de manera natural, que algo no iba viendo en el momento, o incluso, en nuestras vidas. Dicen, que el cuerpo es sabio.

Así que en el fondo, todo parece estar perfectamente interconectado: dolor, sufrimiento, felicidad, angustia, alegria, motivación, determinismo, causa y efecto… Todo parece formar parte de un mismo Universo. Todo, parte de un mismo constructo.

Pero la gran pregunta es:

¿Es posible simplemente ejecutar al margen de la motivación?

En primera instancia, tendríamos que partir por base, que quizá no se requiera una motivación para simplemente ejecutar. Es decir, que simplemente se ejecute conforme a las circunstancias. Quizá lo primero que viene a la mente es pensar: “Y de todas las opciones que existen conforme a las circunstancias, ¿cómo se elige la mejor para ejecutar conforme a ella?

Aquí es donde entran en juego, muchos de los elementos que hablabamos anteriormente: genética (el rol, prosopon, la aptitud) y aprendizaje (condicionamiento). De alguna forma sería como aceptar, que sin un juicio siempre sabemos que ejecutar y como ejecutar de manera correcta. De alguna forma, lo que se plantea es que no existen “opciones” como tal. Solo hay dos opciones: la común y la incorrecta.

  • La común, sería aquella acción que se basa en un principio de libertad.
  • La incorrecta sería aquella acción que de alguna forma se fundamenta en algo que nos restringe, que nos cohibe por antonomasia, esa libertad.

Siguiendo este principio, en el fondo, si por fuerza mayor, necesitamos (otra forma de coerción de la libertad) caer en el constructo de la motivación, podríamos plantear que la voluntad de alcanzar la libertad es en este caso la motivación… Pero esto es contradictorio, dado que la libertad, no encaja bien en este constructo. No hay necesidad, per se, de alcanzar la libertad.

La libertad es el estado natural, siendo las acciones incorrectas, las que impiden preservarse en ese estado.

Si el sufrimiento, no existe, la felicidad como antónimo del sufrimiento tampoco. La felicidad sería realidad un sinónimo del libertad. Y según Epicteto indica, bajo este paradigma tendría un verdadero sentido su propuesta: “Es posible estar en el exilio, y feliz”. “Es posible estar enfermo, y feliz”. En suma: Es posible estar sufriendo (recordemos, ante un escenario desmotivador), y ser feliz. Pero no feliz como antónimo de sufrimiento, sino como:

Es posible, en suma, estar sufriendo, y ser libre“.

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